viernes, 8 de octubre de 2010

Trabajar, ganar, gastar

En Londres hay gente para todo, y la mayoría de las veces sobran (mos) la mitad, especialmente en las tempranas horas de viaje en metro o autobús. Las tiendas abren siete días de cada siete, ya sea para venderte sushi o colocarte una chaqueta de pura lana merino, una alfombra o el último grito en e-books.

Hay muchas ofertas de trabajo: para camareros, limpiadores, dependientes y, con suerte, en hoteles. Eso sí, rara es la empresa que paga más de 7 libras a la hora, con lo que estudiantes, extranjeros y minorías -quizá letradas pero con un inglés macarrónico- se rifan los empleos temporales, tan fugaces, que en Recursos Humanos no dan abasto a programar cursos de formación para nuevos miembros del staff. Y es que los aspirantes a chef en un café pizzería local, vuelan en cuanto uno de los 200.000 “encadenados” Café Nero, Pizza Express, Starbucks, Eat, Wanagama… les ofrecen 7,01 libras la hora, y dobles turnos SÓLO dos o tres veces a la semana. ¿Es esto la cacareada flexibilidad laboral?

Parafraseando el título de la horrorosa película de Julia Robets y Javier Bardem, diría que la consigna sagrada en esta ciudad es “Trabaja, Gana dinero, Gástatelo”. Lo que me lleva a pensar que tampoco aquí, en el imperio de Her Majesty, han aprendido la lección de la última crisis financiera mundial. Tesco y Sainsbury’s se pelean cada día por ver quién baja más los precios de la comida; en Oxford Street te venden un bote de perfume por 20 libras y te regalan otro; el 40% de las tiendas en Oxford, Regents y Picadilly Street, están de rebajas permanentes; Waterstones y Foyles deben ganar más con sus cafeterías que con los libros que venden.

Consumo, consumo y más consumo. ¡Como si gastando y acumulando cosas fuéramos a conseguir ser más felices, altos o guapos! Como si la crisis fuera el molesto zumbido de una avispa inconveniente, o un fugaz sarpullido que pasará en unos días, dejándonos la piel tan suave y delicada como el culito de un bebé.

Yo, por si acaso, me he comprado un billete de autobús a Stratford-upon-Avon, el pueblo de Shakespeare, donde mañana planeo despedirme del verano en este país. Los detalles del viaje, fotos de su casa, tumba y pintorescas calles, con suerte, el domingo. Eso, si logro despertarme a las 6.30, coger el autobús, el metro y llegar a Baker Street a las 8. ¡Quién me ha visto y quién me ve! Madrugando ¡un sábado!

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