miércoles, 6 de octubre de 2010

Dinosaurios y piedra lunar

El 27 de junio visité el Museo de Historia Natural de Londres: quería ver los esqueletos de los dinosaurios, esos fascinantes animales extinguidos en el albor de los tiempos pero que siguen cristalizando algunos de nuestros frágiles sueños de niñez. Ahora que el cine y los videojuegos han domesticado a tan feroces animales, impresiona aún más verlos en un museo, ya sean sus esqueletos suspendidos del techo, sus huellas grabadas en la piedra, sus cráneos, mandíbulas, garras y hasta nidos de huevos fosilizados.

En esa visita de junio no pude ver la principal atracción del museo, el Tiranosaurus Rex, al que estaban sometiendo a una revisión y puesta a punto. Así que hoy, tras acabar las clases, me he montado en un autobús a South Kensington y me he plantado frente al imponente Rex. Por supuesto, es un robot que se agita y hace ruido (animatronic, creo que se llama ese tipo de robots) pero, aun así, cuando Rex te mira fijamente a los ojos, te olvidas de que se mueve a base de procesadores, dejas de pensar en el puñado de chips que trabajan para que alce su feroz cabeza, enseñe los dientes y mueva la cola.

Había muchos niños en el museo, algunos en grupos escolares, pero también muchos adultos solos, tal vez jubilados por la edad, o quién sabe si desempleados aprovechando que los museos son todavía gratuitos en esta ciudad. En todo caso, éste es un museo para aprender, o para recordar las lecciones de nuestra juventud.

Yo me he quedado más de una hora en la Zona Roja, Visiones de la Tierra, a la que se entra a través de una gigantesca esfera metálica que simula ser nuestro planeta. Una escalera mecánica introduce al visitante en la esfera, una especie de organismo vivo, mitad nave espacial, mitad núcleo, principio y final, donde se explica el pasado, presente y apocalíptico futuro del planeta Tierra, las galaxias y universos. Una encapsulada piedra lunar, un fragmento recogido por los astronautas de la misión Apollo 16, en 1972, impresiona por su tímida y confinada soledad.

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