martes, 28 de septiembre de 2010

Multiculturalidad rima con Actualidad

Londres me recibió ayer con frío, viento y un atasco fenomenal ya en Heathrow que sólo fue tolerable gracias al dicharachero chófer iraní que me enviaron desde mi nuevo “hogar” en la zona norte. Como he decidido que en mi segunda estancia londinense voy a hablar hasta con los cubos de basura, yo misma inicié la conversación diciéndole mi nombre. Y, mira por dónde, resultó que el taxista sabía lo que mi (no tan bonito) nombre significaba en su lengua, lo que le sirvió para adoctrinarme un rato sobre la importancia de respetar la herencia familiar, las costumbres de nuestros mayores… ¿He dicho ya que era iraní?

Cuando veía que la conversación derivaba hacia el libertinaje y los derechos de las mujeres, traté de regatear contándole los espléndidos 28 grados que dejé en Madrid, y de paso le dije que era una fanática de los museos. También de eso sabía el señor... y de lo mal que funcionan los transportes en Londres, del paro que crece, de la suciedad de algunos barrios... ¡Tenía la sensación de seguir en Madrid!

Tras tomar posesión de mi habitación (en una residencia que regenta una antigua azafata alemana), salí a comprar el abono mensual de transportes (en una estación sin servicio de trenes los fines de semana y donde las dos taquilleras eran negras) y a inspeccionar la zona (de mayoría irlandesa). Nada excitante hasta llevar 12 minutos andando, pero mejor de lo que me temía, así que, para celebrarlo, entré en un bar a tomar media pinta de Guinness. Los camareros eran italianos y los clientes, estudiantes de variada nacionalidad.

Esta mañana, en mi primer desayuno en este Lodge, conocí a una italiana y a un iraní que hacen sendos máster; y más tarde, ya en la academia en el centro de Londres, a mis dos compañeros de clase: una monja de Sri Lanka con la que ya coincidí en julio, y un chico brasileño. El profesor, Andrea, es de origen italiano, aunque lleva 15 años viviendo y enseñando en Londres. Ningún español en mi grupo.

Tras una breve visita al British Museum, donde tomé esta curiosa foto de una familia judía perfectamente ataviada, cogí de nuevo el metro para volver a casa porque… ¡aquí se cena a las 18 horas! En esta "stylist boutique", el alojamiento incluye desayuno y cuatro cenas, de lunes a jueves, todos los huéspedes sentados a una misma mesa, con candelabros, posavasos y bajoplatos. Eso sí, las habitaciones tienen doscientos metros de alfombra, las cañerías funcionan al modo inglés y cada vez que abres la ventana te entra un bichejo enorme tipo mosquito, inofensivo pero feísimo, que habita en el jardín (sobre el que da mi ventana). He logrado mantener el tono optimista, previa compra de insecticida y mis propios útiles de limpieza.

Ya sabía que las cenas en este país son copiosas, pero imaginaba que siendo nosotros unos humildes estudiantes, éstas serían más “magras”. Pero no: primer plato (sopa de vegetales), segundo (quiche de queso y puerros con pasta y lechuga), postre (pudding), zumos de manzana y naranja y agua. Para el resto de comensales, carne de primero y de segundo. Yo soy la mejor parada, por aquello de no comer carne y tener mi propio menú. Y todo ello, servido por un chico japonés que trabaja aquí a tiempo parcial, para pagarse los estudios. ¿He dicho que la cocinera es polaca? Pues lo es.

El único inglés llegó acabada la cena, a eso de las 18.45. Es un señor de 75 años, de nombre Michael, que viene lunes y martes a darnos (gratis) clases de pronunciación. Hoy nos ha tocado a las nuevas, que somos dos chicas surcoreanas y yo. La francesa, tres italianos y el iraní se han saltado la clase, con la excusa de que son veteranos. El señor nos ha hecho recitar un extracto de “My fair Lady” y luego nos ha invitado a un refresco de bienvenida en el pub de al lado. La anécdota que casi pone broche final a nuestra tarde-noche fue que a una de las surcoreanas, que aparenta tener 15 años, le pidieron el pasaporte para entrar al pub. Y mi sorpresa, ver que lo llevaba encima, porque está harta de que le cierren el paso.

De la actualidad periodística, destaco este bonito abrazo fraternal del derrotado David (Miliband), que sigue robándole protagonismo al triunfador Ed, flamante nueva cara del Laborismo británico. Y los medios, antes de que el nuevo líder eche a andar y pueda precipitarse en sus fracasos o éxitos, ya están preguntándose si no habrá ganado el hermano equivocado.

Por su parte, el Banco de Inglaterra parece haber dado con la receta para vencer a esta tozuda crisis económica y financiera: fundirse los ahorros. No es tiempo de guardar bajo el colchón, sino de gastarse lo atesorado. ¿No nos decían justo lo contrario hace unos pocos años? Que los compre quien los entienda.

2 comentarios:

  1. elpájaroquedacuerdaalmundo28 de septiembre de 2010, 9:09

    Hola guapa, totalmente de acuerdo con ellos ¡¡¡¡ QUE SE GASTEN TODO, Y CREEN EMPLEO (EN ESPAÑA, COÑO) QUE FALTA HACE !!!!

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  2. Las cosas no son tan diferentes aquí, lo que pasa es que no lo gritan tanto como en España. Estaré pendiente de la huelga de mañana y ya me contaréis. Besos miles

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