sábado, 21 de agosto de 2010

Mujer griega leyendo un papiro


Escribir ayer sobre mi cumpleaños y mi temprano gusto por la lectura, me recordó este objeto que encontré el mes pasado en una vitrina del British Museum en Londres. Es una hydria (jarra de agua) griega, una vasija de cerámica de figuras rojas que muestra a una mujer sentada mientras lee un papiro.

Lo que la hace especial es que fue fabricada en el siglo V antes de Cristo (alrededor del año 440), presumiblemente en Nola, y demuestra que en la Atenas clásica las mujeres sabían leer, pese a que las niñas no eran escolarizadas.

Casi 25 siglos después de que unas manos artesanas moldearan, cocieran y adornaran esta vasija, buena parte de las mujeres de Europa apenas sabían leer y escribir. No podían votar, no podían viajar sin el permiso de sus maridos o padres, no podían administrar su patrimonio ni decidir sobre sus cuerpos o sus mentes. Eso sucedía aún a principios del siglo XX.

Me gustaría saber quién corta las varas de medir el progreso, y a quién interesa que, hoy mismo, la ignorancia sea el caldo de cultivo donde se cuece el rencor fundamentalista de millones de hombres, mujeres y niños

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