viernes, 2 de julio de 2010

¿Puede 'La Gioconda' ser mentira?

Hoy ha tocado despedir a compañeros que acababan su curso de inglés, lo que significa que el martes tendremos alumnos y profesor nuevos. El lunes nos llevan a Canterbery a pasar el día, transporte, guía y visita a la catedral incluidos. Sólo una pega: tengo que madrugar más que si tuviera clase.

Tras una cerveza en la terraza The Cove en Covent Garden y comer el sándwich y la fruta de rigor, me he ido a machacar los pies y la cintura en la National Gallery. La exposición Falsificaciones, errores y descubrimientos, demuestra que los ingleses son únicos montando exhibiciones, y con el mismo orgullo enseñan sus tesoros que los cuadros falsos que les han "colado" y que siguen enseñando bajo la rúbrica "falsamente atribuido", "copia", "del taller de", "discípulo de"...

Entre las falsificaciones, este retrato que el museo compró en 1923, creyendo que era obra de un pintor renacentista italiano. Entraba por la puerta esta pintura y ya había quien decía que era falsa. Tras varias pruebas científicas, en 1960 una historiadora experta en vestuario demostró que los ropajes de los personajes eran anacrónicos: la chica llevaba una gorra que sólo usaban los chicos, y el hombre vestía un modelo diseñado y fotografiado en 1913.

Un error lo tiene cualquiera, ¿o no? Cuando esta pintura llegó a la National Gallery, en 1990, se daba por seguro que su autor era Hans Holbein el Joven y el retratado, Lutero. El fondo del cuadro era azul y el gorro era la mitad de alto. Entraron en liza los conservadores, primero quitando una descolorida capa de barniz, después descubriendo que ni la textura de los pigmentos ni el color azul correspondían al siglo XV, y finalmente eliminando el citado fondo azul, con lo que emergió un fondo de madera veteado y un alto sombrero en la cabeza del señor. Ahora el cuadro se llama Retrato de Alexander Mornauer, el autor, como no podía ser menos, es el Maestro del Retrato Mornauer, y está datado en 1464-1488.

Algunas joyas del museo pueden respirar tranquilas después de que la ciencia haya certificado su real autenticidad. Entre ellas, la famosa Virgen de los claveles, de Rafael, que estuvo casi olvidada y tenida por una copia, hasta su redescubrimiento en los años 90 del pasado siglo.

O esta preciosa Mujer asomada a la ventana (1510-30), que recuperó el rubio cabello y el porte voluptuoso con que fue pintada en el siglo XVI, tras una rutinaria restauración. La historia hizo justicia: la falsa y recatada joven que alguien pintó según cánones victorianos (foto inferior) desapareció para dejar salir la chispeante belleza pícara, tal y como fue pintada en el Renacimiento.



Al salir de la National Gallery, y mientras en Trafalgar montaban el escenario para las actuaciones musicales del Orgullo Gay de mañana, no pude evitar preguntarme qué pasaría si La Gioconda, o parte de La Capilla Sixtina, los frisos del Partenón o la Piedra Rosetta, fueran falsas.

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