jueves, 8 de julio de 2010

La Aguja de Cleopatra (Cleopatra's Needle)

Todas las capitales europeas de los antiguos imperios coloniales tienen su obelisco egipcio, su pirámide por pequeña que sea, sus esfinges o esculturas arrancadas de las ardientes arenas norteafricanas. Ya fuera por simple expolio o por graciosas “donaciones” a los soberanos británicos, alemanes, franceses, españoles, italianos, etc, muchos tesoros egipcios adornan ahora las plazas o jardines de París, Roma o Madrid (Templo de Debod).

Historia de un objeto: Cleopatra's Needle (Aguja de Cleopatra)


Londres tiene tantos tesoros egipcios, que no le caben en los museos, lo que viene bien a los paseantes de la ribera del Támesis, que pueden admirar de cerca este obelisco.

Tallado en Egipto en tiempos del faraón Thotmes III, hace más de 3.500 años, el obelisco fue bautizado como la Aguja de Cleopatra porque fue traído a Londres desde Alejandría, la ciudad real de Cleopatra. La monumental piedra fue regalada al Reino Unido en 1819 por el gobernador de Egipto y Sudán, Muhammad Ali. Aunque el Gobierno británico aceptó y agradeció el regalo, rehusó pagar los gastos de transporte, de modo que el obelisco siguió en Alejandría hasta 1877. Ese año apareció Sir William James Erasmus Wilson y patrocinó el traslado a Londres (10.000 libras).

El milenario obelisco fue entonces excavado y arrancado de la arena, introducido en un gran cilindro de hierro y embarcado rumbo a Londres. Mucho sufrió antes de llegar, pues el 14 de octubre de 1877 una tormenta en el Golfo de Vizcaya hizo peligrar el barco, las vidas de los marineros y el propio obelisco. Tras una escala en Ferrol para reparar el barco, la formidable piedra atracó en el Támesis el 21 de enero de 1878.

El 12 de septiembre de ese mismo año, la Aguja de Cleopatra enhebraba los cielos. Tal y como era costumbre, le metieron una cápsula del tiempo en la parte frontal del pedestal. Así que los marcianos que recalen en Londres y excaven la base de piedra podrán encontrar, entre otras cosas: 12 fotos de las más bellas mujeres de ese día; juguetes de niño; cigarros, pipas de tabaco; muestras del cable usado para erigir el obelisco; monedas; una rupia; un retrato de la reina Victoria (¡); una traducción de las inscripciones jeroglíficas que adornan la piedra; copias de la Biblia en varios idiomas (¡); un mapa de Londres (muy útil por si los extraterrestres se pierden) y diez ejemplares de periódicos del día (esperemos que los marcianos sepan inglés).


Al lado del noble y venerable obelisco, plantaron las dos falsas esfinges, fundidas en bronce en el siglo XIX. No se sabe si por la prisa, las colocaron desajustadas y parecen estar mirando tranquilamente al obelisco, en vez de comportarse como sus fieras guardianas.

La noria gigante que se ve desleída a la izquierda de la esfinge es el London Eye, pero ese objeto toca otro día.

2 comentarios:

  1. Hola :D
    Esta entrada me ha resultado muy interesante y te doy las gracias por compartir estas historias tan curiosas con todos los internautas.
    Yo quería hacer una pregunta; lamentablemente, no he ido a Londres ni iré en un período de tiempo aceptable, así que allá va mi pregunta: ¿es verdad que una de esas falsas esfinges está como agujereada?
    ¡Muchas gracias y enhorabuena por tu blog!
    Un saludo.

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  2. ¡Gracias!

    Las esfinges están bien, no aprecié que tuvieran desperfectos y no he leído nada acerca de eso. Pero tanto los escalones como el pedestal del obelisco sí que fueron dañados por una bomba en la I Guerra Mundial, en un bombardeo aéreo, y las marcas son bien visibles.

    Gracias por seguirme

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