domingo, 4 de julio de 2010

Orgullosos en Londres

Esta cálida mañana de domingo (en Londres es una hora menos que en las Españas del Estatuto y la proyectada huelga general), la BBC dice que más de 500.000 personas asistieron ayer al desfile del Orgullo Gay. Pero yo creo que el medio millón refleja más bien al gentío que estaba a la misma hora de rebajas en Oxford Street. Una servidora, sin ir más lejos: una corbata, dos camisas de lino para mi sobrino y una camiseta fue mi botín de guerra. También intenté las sandalias en Clarks, pero salí despavorida al ver cómo los clientes se probaban los zapatos y cómo los dejaban hechos una porquería. No quiero unos zapatos así ni regalados, ¡a saber lo que te llevas pegado en la planta del pie!

Total, que con mi bolsa de compras en la mano, el bolso al hombro, el periódico bajo el brazo, la botella de agua en la otra mano… el atuendo ideal para meterme en la cabalgata del Orgullo Gay, vamos… Pues allá que me fui, Regent Street abajo hasta desembocar en Leicester Square.

Calor; algunas banderas arcoiris; forofos futboleros, entre ellos decenas de españoles; turistas de todas las nacionalidades fotografiándolo todo y a todos; restos del disfrute alcohólico por los suelos, fue lo primero que me encontré. Y ya a punto de llegar al meollo, un tenderete que repartía propaganda del Islam y un solitario hare krishna dando vueltas y haciendo sonar el platillo. En eso también se nota que Londres es una megaurbe multicultural.



Metiéndome entre el gentío ya empecé a avistar chicos y chicas ligeros de ropa, disfrazados y travestidos coreando consignas igualitarias, pero sobre todo, mucha gente bebiendo y haciendo el ganso. Lo normal en este tipo de fiestas (y en casi todas, para qué vamos a engañarnos). Y me chocó que la inmensa mayoría fueran hombres, se ve que a las chicas aún les cuesta más vivir fuera del armario, y desde luego había poquísimas familias con niños. Quizá eso fue lo más sorprendente, en contraste con el desfile en Madrid.

Y ahora es cuando voy y peco de chovinista y digo -pero es que tengo que decirlo- que el desfile del Orgullo de Madrid le da cien vueltas al de Londres: en número de carrozas, en originalidad de trajes, en fanfarria, en ánimo festivo, en hermosura de chicos y chicas que desfilan o que simplemente van de marcha a pasarlo bien. Para ellos, una de las máximas atracciones ayer fue la presencia de Boy George, que ni que decir tiene está algo pasado de moda (y de kilos).

En Leicester Square había una fiesta en la que la gran atracción fue contemplar los problemas de los seguratas para impedir que entrara gente con botellas de cristal o latas de cerveza. Que para eso el alcohol lo venden dentro a precio de caviar, ¡faltaría más!


En Trafalgar Square estaba el escenario principal, con música en vivo, baile y discursos, pero las caras de muchos ya denotaban el cansancio de llevar horas sobre tacones, bebiendo y gritando a pleno sol. Así que los más jóvenes emprendieron pronto la marcha hacia Leicester, seguramente a seguir peleándose con los seguratas, y los más... ¿cómo definirlo?... Los que ya no cumplirían los 30 afilaban sus armas de ligar.

Y así me los dejé, a unos y a otros, a las espaldas del almirante Nelson, que prefiere mirar para otro lado para no tener que ver según qué cosas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario