jueves, 15 de julio de 2010

Curry en Brick Lane

Ayer acababa diciendo: "Con tanto empacho de noticias, no sé qué tal me sentará la Noche del Curry (...) Será a partir de las 7, en un restaurante de Brick Lane (...) Y debe ser un lugar curioso porque nos invitan a llevar nuestra propia cerveza o vino para acompañar la comida. ¡Haremos botellón en el propio restaurante! ¿Quién dijo que en restauración estaba todo inventado?".



Y he aquí la prueba del delito en forma de fotografía. El restaurante se llama Tayyabs y nos tocó esperar en la calle más de media hora (pese a tener reserva), pero mereció la pena porque la cena estaba deliciosa. Es comida indo-paquistaní 100% Halal, con una gran variedad de platos vegetarianos (esto es norma en Londres). Yo tomé arroz, tortillas sin salvado ni levadura(?), ensalada y curry de calabazas. ¡Para chuparse los dedos!

Otro aliciente del sitio es que está plagado de clientes y camareros de todas las nacionalidades. En mi grupo éramos 14 personas de 8 nacionalidades: italiana, polaco, japonesa, coreanos, chilena, saudí, española y... el guía de la escuela que era ¡inglés! Por si alguien está interesado/a, el guía sale en la foto haciendo una foto a parte del grupo.

Para bajar la cena, recorrimos la calle Brick Lane, tan bulliciosa que parecía domingo por la mañana. Toda la zona tiene un aspecto como de bazar árabe mezclado con tiendas y restaurantes indios que huelen a curry, especias y canela.

El estudiante polaco, al que esa noche veía por primera vez, empezó a contarme algo. Yo pensé que no lo estaba entendiendo (su inglés es tan deficiente como el mío), pero sí, lo había cogido a la primera: el chaval estaba asustado, le parecía una zona peligrosa y temía que en cualquier momento nos iban a atracar. Y lo único que había era gente en la calle, hombres con chilabas y mujeres con velo, jóvenes alternativos, rastas, un par de bares con clientela tenuemente gay, algún sin techo sentado tranquilamente, muchos "guiris" como nosotros... Nada que diera miedo.

Tan diferente percepción de la realidad me hizo darme cuenta, una vez más, de lo importante que es el cristal a través del que se mira. Anoche yo no sentía ningún miedo porque el barrio era de mayoría árabe, yo diría que 90% musulmanes, y para mí, española que vive en el centro de Madrid hace tropecientos años, los árabes, latinos y chinos son tan cotidianos como el señor de Valladolid. En cambio, el chico polaco vivía como una amenaza ver juntos a más de diez musulmanes, de noche, en la calle.

Más tarde, le pregunté a Mitzue (la chica japonesa de mi clase con la que yo fui a la cena) si a ella le parecía una zona peligrosa. Y qué va: Mitzue llegó a Londres hace mes y medio, hasta entonces jamás había salido de Japón, y quizá por eso lo ve todo con ojos nuevos. Pero, lejos de sentir miedo o plantarse delante la lupa de los prejuicios, Mitzue saborea cada nueva cosa con una inocencia que yo quisiera no haber perdido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario