miércoles, 7 de julio de 2010

Cafeterías con vistas

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Hoy todas las miradas están puestas en el partido de fútbol entre España y Alemania. En la tele inglesa llevan horas apostando y sacando a relucir al pulpo profeta, además de entrevistar a forofos de uno y otro bando. Lo van a dar en directo en la BBC, lo que es un gran honor. Yo cruzaré los dedos, por si sirve de algo.

La otra noticia (no ya del día, sino de la semana) es la caza policial de un asesino en Northumberland que, nada más salir de la cárcel, se fue a buscar a su ex novia, a la que intentó matar; asesinó de paso al que era el actual novio de la infortunada; y al día siguiente disparó y casi acabó con la vida de un policía. Lo peliagudo del caso es que esa perla de hombre sigue en libertad, dispuesto a provocar un baño de sangre. La policía ofrece 10.000 libras de recompensa por cualquier información sobre el caso.

Así que, para relajar el ambiente, voy a pasar revista a algunas de las cafeterías y terrazas de los museos. En general, la comida que ofrecen es la típica a base de sándwiches, zumos, fruta, quesos y cualquier cosa que lleve salchichas, pero también especialidades “deli” como hummus, snacks de sushi, wrap de salmón, atún y verduras orgánicas. En algunos sitios, además, se puede comer pasta y estofado de carne con el típico puré de patata, sin olvidar los famosos “fish & chips” (bacalao o pescadilla rebozada y frita con patatas fritas y guisantes enteros o en puré).

Capítulo aparte merecen los dulces, tartas, pastelitos, galletas, chocolates, cruasanes, suizos… de todos los sabores, con todos los tipos de harinas, integrales, aptos para vegetarianos puros, ovolactovegetarianos, alérgicos al gluten… La verdad es que el etiquetado se lo trabajan, y hay varias opciones para cada necesidad alimenticia.

Los precios, usando la cabeza y no sólo el estómago, están en la media de esta cara ciudad: sándwich normal, 4,75-6 libras; deli, 7-8 libras; limonadas, 2 libras; cervezas en botella, 4-6 libras; vino, a partir de 6 libras, no muy bueno; bandejitas de fruta, batidos, zumos orgánicos, unas 4-6 libras; cafés variados, 2-4 libras; galletas, 2 libras; tartas, 3-5 libras.

Los primeros días, pequé de guiri y mis andanzas museísticas me salían por un pico. Pero en seguida miré a mi alrededor y entendí por qué a las 12.30 hay tanta gente acarreando bolsas de Tesco, Saisbury’s y Marks & Spencer. Es mucho más rentable (y sano) comprar el almuerzo en estos grandes súper, sentarse en un banco o en la hierba a comerlo y tomar el sol leyendo un libro o el periódico.

Las cafeterías de los museos son, eso sí, ideales para tomar un capuchino, un latte o un americano (los cafés más demandados) además del sempiterno té (Earl Grey y Breakfast, los más bebidos a cualquier hora).

El Museo de Historia Natural, además de esqueletos de dinosaurios, tiene varias cafeterías, entre las que escojo la de la foto superior, por el marco arquitectónico. Un café sentada bajo esos arcos sabe mejor.

El Victoria & Albert Museum tiene cafetería interior más formal, pero yo me quedo con el café exterior, en la espléndida plaza con fuente y césped. No hay más que seguir las sombrillas blancas. En la fuente se puede meter los pies y caminar por el agua, sin salpicar ni dejar a los niños solos. Pero fumar en este patio está prohibido, por mucho que no tenga techo.

En la Tate Modern hay varios cafés, pero la vista panorámica desde el último piso es imbatible, aunque sea tras el cristal. A lo lejos, la cúpula de San Pablo, y cruzando el Támesis, el puente del Milenio. En el primerísimo primer plano: bolso, guía forrada para camuflar que soy medio guiri-medio estudiante, un plano de metro y una cerveza para documentar el precio (ja).

La cafetería de la National Portrait Gallery es estrecha y está en el subsuelo, pero su techo transparente la hace acogedora y original, ideal para ver caer la lluvia sin echar de menos el paraguas. Los bolsillos más pudientes tienen un restaurante más elegante y caro, con vista panorámica, en el último piso.

Hay muchas más cafeterías, pero como aperitivo está bien, ¿no?

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