viernes, 9 de julio de 2010

Animalitos

La actualidad hoy está llena de malas y no del todo buenas noticias, sin que me sienta con ánimo de hincarles el diente. No, tras haber disfrutado enormemente de una visita guiada por la temprana Europa Medieval y sus tesoros en el British. Viajar de ese abrumador pasado para meterme de nuevo en la caza del asesino armado de Northumbria, o el canje de espías rusos y americanos, se me antoja inaguantable.

Así que me he escapado un rato al mundo natural, del que rescato dos vídeos. Y anuncio a mis cinco lectores (si hay alguien más al otro lado, que levante la patita), que mañana no los mortificaré. Me voy a pasar el día a Lille (Francia), al otro lado del Canal de la Mancha, el cual atravesaré por debajo (¡qué miedietis!).

Sin más preámbulos, ¡vídeo va!:

Pulpo profeta

El pulpo profeta ama a España, o quizá es que le gustan el color y el diseño de nuestra bandera. Como quiera que sea, el cefalópodo, toda una celebridad mundial, ha predicho que España será la ganadora de la World Cup, imponiéndose a Holanda este domingo. Desde su acuario en la ciudad alemana de Oberhausen, Paul, que así se llama el entrañable animalito, ha profetizado que Alemania será tercera.

¿Y cómo realiza este pulpo sus predicciones? Por la vía de los instintos primarios que algunos llaman necesidades básicas: escoge un mejillón colocado en una de las dos cajas que le introducen en su pecera. Para que se oriente, sobre cada caja ondea la bandera de la nación.

Cuesta creerlo, lo sé. Pero si Paul vuelve a acertar, ya lo veo de sarao en sarao ejerciendo sus dotes adivinatorias y ¡quién sabe si convirtiéndose en un ídolo mediático a la altura de… digamos… Belén Esteban!


Elefante pata de plástico

Sencilla y emotiva historia. Hace tres años, los conservadores del parque natural de Sprepok (Camboya) encontraron a este bebé elefante con una pata destrozada por una trampa y en serio peligro de muerte. Tras amputársela y empezar a recuperarse, decidieron intentar que caminara con una prótesis de plástico. Hoy, el elefante Chhouk no sólo camina, sino que retoza en el río con la alegría propia del niño que es.

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