martes, 29 de junio de 2010

Capello vuelve y la Reina se va a Canadá

El futuro de Fabio Capello es lo único que parece interesar en este país. Los medios de comunicación pedían su cabeza antes incluso de que Alemania les pateara el trasero apeándolos de la World Cup. Pero Capello, obstinado y machacón, repite en público que él no se va, mientras en privado seguro que contesta que si quieren que se vaya, que lo echen. Lógico: con la nómina que lleva a casa cada mes, ¿se va a ir por voluntad propia?

Y digo yo, ¿no sería conveniente repartir un poco las culpas y afear la conducta a los jugadores? Algo tendrán que ver en la paliza que les dieron los alemanes, así como en el mal juego que han exhibido durante su efímera estancia en Suráfrica… O, ya puestos, cuestionar a Beckham, que parece que aparte de la campaña de imagen y el glamour no ha aportado nada de provecho.

Claro, que si el país entero no hablara de Capello, quizá tendría que hablar de cómo el Gobierno conservador va a desplumar el Estado del Bienestar; del goteo de soldados muertos en Afganistán; de la incapacidad de BP para controlar el vertido en el Golfo de México; de la pasividad de la policía en ciertos casos de ataques sexuales a mujeres…

También hay noticias positivas en los medios de comunicación, como la espectacular subida de ventas de los útiles para hacer barbacoas, incluyendo los manteles para poner la vajilla de papel sobre el césped o los cubiertos, platos y cantimploras para ir de pícnic en cualquier esquina de cualquier parque.


Y es que en Londres hay dos actividades con éxito de público asegurado: tumbarse en la hierba e irse de rebajas a Oxford Street (sin falta, repaso a Marks & Spencer, TopShop y Seldfridges)
El último apunte del día es para una de mis protagonistas preferidas, la Reina, que haciendo una temperatura tan estupenda en Lodres, no se le ocurre otra cosa que irse a Canadá de visita oficial. Allí la han recibido un aguacero y un grupito de personas. Obsérvese en el vídeo la risa del segurata cuando la señora que tiene delante es incapaz de dominar el paraguas. Eso sí, Her Majesty es todo un carácter: ella solita coge su paraguas y baja la escalinata del avión sujetándolo con energía, sin miedo a resbalar o a despeinarse. A sus 84 años. Ahí es nada.

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